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3 mil 155 kilómetros: Higinio Martínez replica el discurso de Trump

Higinio Martínez afirma que México libra una lucha permanente contra el crimen y que Trump, en la ONU, no describe al país. ¿Qué responderá Palacio?

Redacción Elecciones Federales Mx 22 de septiembre de 2026 Actualizado: 22 de septiembre de 2026

El presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez Miranda, sostuvo este martes que México mantiene una lucha permanente contra el crimen organizado y que las acusaciones lanzadas por Donald Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas no corresponden con la realidad del país. Lo dijo en entrevista, horas después de que el mandatario estadounidense llamara a México “el epicentro de la violencia de los cárteles” en el debate de alto nivel de la 81.ª Asamblea, en Nueva York. La frase cayó como piedra en el zapato: no por inédita, sino porque se pronunció frente a decenas de jefes de Estado.

Martínez Miranda, senador por el Estado de México y titular de la Cámara alta desde el 1 de septiembre, atribuyó el tono a “el estilo, la forma y la característica” del presidente de Estados Unidos. Dijo que los mexicanos ya están acostumbrados a ese tipo de señalamientos y que no deben sorprender. El senador no negó el problema del crimen. Lo que negó fue el retrato. Y dejó en el aire la pregunta que importa en Palacio: quién pone por escrito la respuesta oficial.

El discurso de Trump mezcló dos mensajes. Por un lado, habló de una “muy buena relación” con el gobierno de Claudia Sheinbaum y de “grandes avances” en materia de seguridad. Por el otro, sostuvo que resulta inaceptable compartir una frontera de 2 mil millas con un territorio que, según él, está controlado por cárteles. Comparó a esas organizaciones con el “ISIS del hemisferio occidental” y afirmó que México debe recuperar el control de su suelo. En el recinto estaba el canciller Roberto Velasco, que representa a México en esa semana de alto nivel.

La frontera terrestre entre ambos países mide 3 mil 155 kilómetros. No es un dato de mitin: es la línea que une seis estados mexicanos con cuatro estadounidenses, el mismo corredor por el que cruzan personas, mercancías, armas y drogas. Martínez Miranda lo tradujo a otra escala. Dijo que esa frontera “nos va a seguir uniendo por mucho tiempo” y que la relación bilateral continuará durante muchos años. Como dos vecinos que comparten barda: uno le grita al barrio que la casa de enfrente está hecha un desmadre; el otro responde que ya barrió su patio y que, de paso, el primero también tiene goteras.

¿Y si el problema no cabe en un solo mapa? El presidente del Senado planteó que parte de lo señalado por Trump también ocurre en la Unión Americana. Atribuyó a México la atención de sus asuntos de seguridad pública “dentro del marco de la ley” y reiteró que el combate a la delincuencia forma parte de las tareas diarias del Estado. No ofreció cifras propias. No abrió un debate estadístico. Dejó el contraste: acusación en tribuna internacional, respuesta en clave de rutina institucional.

El senador adelantó el calendario político. Habrá respuesta oficial del gobierno mexicano, “más allá de lo que diga la Presidenta de la República antes”. Después, el Senado determinará si emite un pronunciamiento. Esa secuencia no es menor. Primero habla el Ejecutivo. Luego decide la Cámara alta si se suma con un texto institucional. Mientras tanto, la delegación mexicana en Nueva York sostiene la línea de soberanía y cooperación, sin aceptar operaciones militares extranjeras en territorio nacional, postura que Sheinbaum ha repetido en ocasiones anteriores.

Para el lector, el efecto inmediato no es un cambio de ley ni un toque de queda. Es otra cosa, más cotidiana: la relación con Estados Unidos sigue siendo el marco en el que se mueven el comercio, la migración, las remesas y la seguridad de la frontera norte. Un discurso en la ONU no cierra la aduana. Tampoco la abre. Pero sí fija el tono de las siguientes horas, cuando Palacio Nacional y la Cancillería tengan que responder ante el mismo escenario multilateral donde se pronunció la acusación.

Martínez Miranda insistió en que esas declaraciones “no afectan” a México porque las autoridades tienen claridad sobre las acciones que realizan contra la delincuencia. El argumento es de control de daños: el ruido ya se conoce; lo que cuenta es la operación diaria. Queda por verse si esa claridad se traduce en un documento público, en cifras comparables o en un recuento de resultados que el gobierno esté dispuesto a poner sobre la mesa internacional.

El contexto importa porque no es la primera vez que Washington describe a México en esos términos, ni la primera vez que un legislador mexicano responde que el retrato está incompleto. Lo distinto ahora es el foro. La Asamblea General no es una conferencia de prensa en la frontera. Es el escenario donde el relato de un país se lee frente al resto. Por eso el Senado espera la voz oficial y se reserva la propia.

Lo que viene es medible. En las próximas horas debe aparecer la respuesta del gobierno mexicano. Después, el Senado dirá si se pronuncia o se queda en la entrevista. Entre tanto, la frontera de 3 mil 155 kilómetros seguirá ahí, con su tráfico legal y su tráfico ilegal, con su cooperación y su desconfianza. La pregunta que se puede llevar a la mesa, al trabajo o al grupo familiar es sencilla y no pide militancia: si un vecino te describe ante el mundo, ¿quién tiene que responder primero, el que vive en la casa o el que comparte la barda?

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